Autora: Maria Alejandra Bohórquez Z.
Asistente Graduada de Investigación
Ingeniería Biomédica
Universidad de los Andes, Bogotá D.C., Colombia
Siempre que pensamos en Ingeniería Biomédica de la Universidad de los Andes, es inevitable hablar de tecnología que parece sacada de una película de ciencia ficción. Desde prótesis que les cambian la vida a atletas hasta avances en el campo de la bioimpresión de órganos, es evidente que el Departamento se mantiene a la vanguardia de la investigación desde diferentes frentes. Entre sus líneas de investigación, la de innovación y emprendimiento se ha consolidado como un espacio que articula los avances de la academia con la industria y promueve conversaciones con distintos actores del sector de salud.
Esta línea también es conocida como semillero y comunidad BITT, sigla que corresponde a biodiseño, innovación y tecnología traslacional, nuestros tres ejes principales. Donde somos fieles creyentes que la innovación surge cuando la academia, la industria y las personas motivadas se encuentran para transformar conocimiento en soluciones reales. Por eso, en el BITT nos dedicamos a que los desarrollos creados al interior de la Universidad evolucionen en productos que respondan a las necesidades del mercado. Para ello, nos valemos de herramientas de prototipado rápido y manufactura para fabricar e iterar nuestros prototipos funcionales, así como metodologías de diseño centrado en el usuario para evaluar su pertinencia y facilidad de adopción. En otras palabras, servimos como un puente entre la investigación, la creación de prototipos, la validación con usuarios y la posibilidad de llevar estas soluciones a contextos reales de uso.
Desde el 2022, el BITT comenzó a tomar forma alrededor de cómo llevar más allá del aula todo ese potencial creativo, técnico y científico que aparece en los proyectos académicos. Hoy, el BITT funciona como una incubadora de iniciativas que nacen en distintos escenarios: proyectos de clase, ideas desarrolladas por estudiantes fuera del aula, propuestas de profesores y necesidades identificadas por personal administrativo. Sin embargo, su alcance no termina allí. También nos hemos convertido en un punto de encuentro para personas del sector y organizaciones que han identificado oportunidades de mejora, y que reconocen en nuestros estudiantes una capacidad valiosa para imaginar, diseñar y prototipar soluciones. Por eso, actualmente hemos construido relaciones con empresas como Boston Scientific; con emprendimientos como BluSink, DocDoc, Lecture Series, HumanoLab; con hospitales y clínicas como la Fundación SantaFe de Bogotá, LaCardio, y el Instituto Roosevelt; y con universidades en el exterior como la Universidad de Friburgo.
Solo con Boston Scientific hemos logrado obtener alrededor de diez patentes, con más desarrollos en camino, además de tecnologías que, aunque no necesariamente son patentables, sí tienen el potencial de ser presentadas ante la industria y generar valor en contextos reales. La magnitud de esta colaboración refleja cuánto ha crecido esta línea de investigación: solo para este proyecto tenemos aproximadamente 30 estudiantes de distintos programas, incluyendo ingenierías, diseño y maestrías, que aportan desde sus propias disciplinas a las necesidades planteadas por la empresa. Esta multidisciplinariedad, que también hemos empezado a ver en otros proyectos, demuestra el valor de reunir distintas miradas, experiencias y niveles de conocimiento para construir soluciones más completas.
En este proceso, el biomédico uniandino cumple un papel articulador, conectando capacidades técnicas, clínicas, de diseño y de innovación para que los desarrollos no solo sean de alta calidad, sino que respondan de manera pertinente a la necesidad identificada. Un ejemplo de esto fue la hackathon en salud que realizamos y que buscamos replicar con el apoyo de empresas de la industria, como una forma de visibilizar el potencial que existe dentro de la Universidad. Allí, el talento surgió precisamente del encuentro entre disciplinas y diversas experiencias, demostrando que incluso un estudiante de primer semestre puede aportar significativamente cuando existe un entorno que reconoce y potencia sus capacidades.
Ese avance en el trabajo colaborativo también nos ha llevado a fortalecer las relaciones dentro de la Universidad, para dejar de ser únicamente ese “científico loco” que imagina, crea y diseña, y empezar a asumir preguntas del mercado para que las ideas lleguen a la realidad. Este crecimiento se ha dado de la mano con el Centro de Emprendimiento, a través de la Ruta de Emprendimiento, donde el semillero se proyecta como un apoyo en la etapa de prototipado y como una guía en la construcción temprana de una startup. Esto debido a que construimos nuestros pilares bajo la frase de “No todos tienen que ser emprendedores, pero todos deberían tener las herramientas para serlo”. Así, actualmente acompañamos tres emprendimientos en áreas distintas a la salud: Aurora Ferments, ¿Sed? Sí y una startup en bioempaques. Todo porque sabemos que el futuro es de todos, pero queremos ser participantes activos de la historia que se está escribiendo. Por eso, hoy quisiera dejar la pregunta abierta, ¿está usted llegando de manera pasiva al futuro o está contribuyendo a los cambios del mañana?

















