Cinco estudiantes de Ingeniería Biomédica de la Universidad de los Andes vivieron una experiencia internacional de investigación en Purdue University, una de las universidades más reconocidas de Estados Unidos en ingeniería, ciencia y tecnología. Ubicada en West Lafayette, Indiana, Purdue es considerada un referente mundial en investigación y formación de ingenieros, y ha sido la casa de importantes avances científicos y tecnológicos en áreas como la ingeniería biomédica, la inteligencia artificial, las ciencias del deporte y la neurociencia.
Durante 2026, Ana María Hernández Conde, Juan Sebastián García, Nicolás Gómez y Natalia Niño participaron en estancias de investigación durante los meses de junio y julio. Por su parte, Manuela Castillo realizó una estancia más extensa entre febrero y julio, integrándose durante todo un semestre a la actividad académica y científica de la universidad.
A lo largo de su estancia, los estudiantes trabajaron en laboratorios especializados y participaron en proyectos que abordan algunos de los desafíos más relevantes de la ciencia y la salud. Sus investigaciones abarcaron desde el estudio de la actividad cerebral y las enfermedades neurodegenerativas hasta el desarrollo de agentes de inteligencia artificial y nuevas tecnologías para la protección de atletas de alto rendimiento.
En el CONNplexity Lab, Ana María Hernández investigó cómo se reorganiza el cerebro durante las transiciones entre el estado de reposo y la ejecución de tareas cognitivas. Su trabajo buscó comprender un momento poco estudiado por la neurociencia: el período intermedio en el que el cerebro deja una actividad que requiere concentración y reorganiza su funcionamiento.
Para ello, utilizó datos de resonancia magnética funcional de 54 participantes y herramientas de teoría de la información capaces de diferenciar cuándo distintas regiones del cerebro comparten información y cuándo generan nueva información a partir de sus interacciones. Los resultados preliminares mostraron cambios consistentes durante estas transiciones y diferencias entre personas con y sin antecedentes familiares de trastorno por consumo de alcohol, lo que abre posibilidades para investigar futuros marcadores de riesgo.
Por su parte, Juan Sebastián García trabajó en investigación relacionada con agentes autónomos de inteligencia artificial. Su proyecto se enfocó en el refinamiento automático de skills, conjuntos de instrucciones que funcionan como guías para que los agentes resuelvan tareas específicas. El objetivo fue desarrollar sistemas capaces de mejorar continuamente su desempeño a partir de la experiencia acumulada, permitiéndoles afrontar problemas complejos de manera cada vez más confiable y consistente.
En el Ray Ewry Sports Engineering Center (RESEC), Nicolás Gómez participó en un proyecto impulsado por el NHL Innovation Challenge de la National Hockey League (NHL). La investigación buscó desarrollar una nueva generación de protectores de cuello resistentes a cortes para jugadores de hockey sobre hielo, combinando altos niveles de protección con comodidad, movilidad y transpirabilidad.
Su trabajo se concentró en la selección, caracterización y validación de materiales según estándares internacionales, además de participar en las primeras etapas de fabricación del prototipo. Para Nicolás, la experiencia fue especialmente significativa al poder integrar su formación en Ingeniería Biomédica y Administración de Empresas en un proyecto donde el desarrollo tecnológico debía responder tanto a criterios técnicos como a necesidades reales de los usuarios.
Mientras tanto, Natalia Niño trabajó en un proyecto enfocado en comprender mecanismos tempranos asociados con enfermedades neurodegenerativas. Utilizando un modelo de “cerebro en chip”, estudió cómo determinadas proteínas relacionadas con procesos neurodegenerativos y el estrés oxidativo afectan el funcionamiento de las neuronas después de una lesión cerebral traumática leve causada por ondas expansivas.
Mediante técnicas de inmunocitoquímica y arreglos de microelectrodos, pudo analizar cambios moleculares y eléctricos en redes neuronales. Los resultados preliminares mostraron alteraciones en la actividad neuronal y un aumento de marcadores asociados con daño celular, aportando evidencia para comprender posibles mecanismos tempranos relacionados con enfermedades como el Alzheimer.
Por su parte, Manuela Castillo desarrolló una investigación sobre la semaglutida, principio activo utilizado en medicamentos para el tratamiento de enfermedades metabólicas. Su proyecto buscó entender cómo la estructura y las propiedades del péptido influyen en su comportamiento después de ser administrado al organismo.
Para ello, empleó técnicas avanzadas como Dynamic Light Scattering (DLS), Fluorescence Correlation Spectroscopy (FCS) y Bio-Layer Interferometry (BLI), además de desarrollar ensayos en plataformas de microfluídica. El estudio permitió caracterizar la agregación de la molécula, evaluar su interacción con proteínas y analizar cómo estos fenómenos pueden afectar su movilidad a través de tejidos que simulan la matriz extracelular del cuerpo.
Más allá de los proyectos de investigación, todos coinciden en que la experiencia fue transformadora desde el punto de vista personal y profesional. Vivir en otro país, adaptarse a una nueva cultura, compartir con estudiantes e investigadores de múltiples nacionalidades y desenvolverse en inglés de manera cotidiana amplió significativamente sus perspectivas sobre la ciencia y el trabajo académico.
Para Ana María, la experiencia le permitió descubrir una forma diferente de hacer investigación y comprender la importancia de cuestionar cuidadosamente los métodos antes de interpretar los resultados. Juan Sebastián destacó el aprendizaje que surge al trabajar con personas de diferentes culturas y formas de pensar. Nicolás valoró especialmente la oportunidad de participar en una investigación orientada a proteger la vida de los deportistas, mientras que Natalia resaltó la posibilidad de profundizar en una línea de investigación que fortaleció su interés por la neurociencia. Por su parte, Manuela señaló que la estancia le permitió descubrir nuevas formas de abordar problemas científicos y conocer mejor los intereses que desea seguir explorando en el futuro.
Estas experiencias reflejan el compromiso del Programa de Ingeniería Biomédica de la Universidad de los Andes con la formación de profesionales capaces de desenvolverse en escenarios internacionales y contribuir al avance del conocimiento desde distintas disciplinas. También evidencian cómo la investigación se convierte en una plataforma para conectar la ingeniería con desafíos globales, fortalecer competencias interculturales y ampliar las posibilidades de impacto de los futuros ingenieros biomédicos.
Más allá de los resultados obtenidos en cada laboratorio, el paso por Purdue dejó una enseñanza común para todos los participantes: la investigación no solo permite generar nuevo conocimiento, sino también abrir horizontes, construir redes internacionales y comprender que los grandes retos de la salud y la tecnología requieren colaboración entre diferentes disciplinas, culturas y formas de pensar.

















